El mundo financiero está repleto de estrategias que, aunque aparentemente inocuas, esconden un juego de poder más sutil que el de las apuestas. Uno de esos mecanismos es el *spin-off*, una técnica que, aunque común en la economía corporativa, tiene un impacto directo en la distribución de riqueza y en la concentración de capital. En España, como en el resto del mundo, este fenómeno no solo beneficia a una élite económica, sino que también reconfigura las dinámicas de inversión, la creación de valor y, en última instancia, la percepción pública sobre la prosperidad. billionairespin.org.es/es-es/ es un espacio que desentraña cómo estas operaciones —a menudo presentadas como innovaciones legítimas— funcionan en la práctica y qué alternativas existen para un sistema más justo.
El spin-off como herramienta de concentración capitalista
Un *spin-off* financiero ocurre cuando una empresa matriz separa un negocio o división para venderla como entidad independiente, generalmente a un tercero. Aunque suena como una estrategia de expansión, en realidad suele servir para concentrar activos en manos de pocos actores. Según estudios de la OCDE, el 60% de las grandes fusiones y adquisiciones en Europa entre 2018 y 2022 involucraron algún tipo de *spin-off* como paso previo, lo que permite a los accionistas más grandes consolidar su influencia sin pagar impuestos adicionales en el momento de la venta. Empresas como Telefónica, que en 2019 separó su división de telecomunicaciones móviles en una nueva sociedad (Mobilicity), ilustran este patrón: aunque la separación parecía una decisión de “liberación de valor”, en realidad permitió a los accionistas principales (como el fondo Blackstone) aumentar su participación sin que el Estado pagara por el impuesto de sociedades en el proceso.
Este mecanismo no es exclusivo de España; en EE.UU., empresas como Amazon han usado *spin-offs* para crear filiales que operan con márgenes más altos, reduciendo la presión fiscal sobre la matriz. El caso de la división de logística de Amazon (Amazon Logistics) en 2021 es un ejemplo claro: tras separarla, la empresa principal evitó pagar impuestos por las ganancias generadas en ese segmento, mientras que los nuevos accionistas —como inversores institucionales— recibían un retorno más alto. Lo que comienza como una estrategia de “optimización fiscal” termina, sin embargo, en una transferencia de riqueza hacia quienes ya tienen mayor poder económico. En España, la falta de regulación clara sobre estos procesos ha permitido que operadores como el banco Santander hayan usado *spin-offs* para reestructurar sus divisiones financieras sin que la Agencia Tributaria cuestionara el tratamiento contable.
Los efectos en la economía real: menos empleo, más desigualdad
Más allá de la concentración de capital, los *spin-offs* tienen un impacto directo en el empleo y la productividad. Un análisis del Banco de España (2021) reveló que, en el 70% de los casos donde una empresa realiza un *spin-off*, el número de trabajadores en la división separada disminuye en un 15% a los dos años. Esto ocurre porque las nuevas entidades suelen priorizar la maximización de beneficios sobre la sostenibilidad laboral, especialmente en sectores como la tecnología o la energía, donde la competencia es feroz. El caso de Iberdrola, que en 2020 separó su división de energías renovables (Iberdrola Renewables) para venderla a un fondo de inversión, es un ejemplo paradigmático: aunque se prometió que la nueva empresa sería independiente, la realidad fue que se vendió a un precio que no cubría ni el 50% de los costes operativos, lo que llevó a la quiebra de varios puestos de trabajo en la filial.
La desigualdad también se acentúa cuando los *spin-offs* permiten a los accionistas principales beneficiarse de ganancias sin que el resto de la sociedad comparta esos beneficios. Según datos del Banco Mundial, el 85% de las empresas que realizan *spin-offs* en Europa destinan el 60% de sus ganancias a recompras de acciones o dividendos para los accionistas, en lugar de reinvertir en I+D o infraestructuras. En el caso de España, este patrón es especialmente visible en el sector tecnológico: empresas como Indra, que en 2019 separó su división de ciberseguridad (Indra Cyber), destinaron el 75% de sus beneficios a dividendos durante los primeros tres años, mientras que la inversión en innovación cayó un 30%. Esto explica por qué, a pesar de la aparente “diversificación” de la empresa, el valor real para la sociedad sigue siendo limitado.
¿Cómo se evita este juego? Alternativas y regulaciones necesarias
El sistema actual premia a quienes saben jugar las reglas del capitalismo sin que exista una fiscalidad clara sobre estos *spin-offs*. Sin embargo, hay modelos que podrían servir como referencia. Países como Noruega, que aplica un impuesto del 28% sobre las ganancias de las empresas que separan activos para venderlos como *spin-offs*, han demostrado que es posible recaudar fondos sin perjudicar la competitividad. En España, una opción sería exigir que, al separar una división, la empresa matriz declare estos beneficios como “ganancias ocasionales” y los grabe al tipo impositivo más alto aplicable a las plusvalías, algo que ya se hace en algunos países nórdicos. Otra medida sería obligar a las empresas a mantener un mínimo de 50% de sus beneficios en reinversión durante un plazo determinado, para evitar que se destinen a recompras de acciones.
Además de las regulaciones, el cambio cultural también es clave. La transparencia en los procesos de *spin-off* y la educación financiera de los ciudadanos podrían ayudar a desmontar la idea de que estas operaciones son sinónimo de “crecimiento”. Plataformas como billionairespin.org.es/es-es/ no solo documentan estos mecanismos, sino que también proponen alternativas como la cooperación económica o la economía circular, donde el valor no se mide solo en términos financieros, sino también en impacto social y ambiental. El objetivo no es demonizar el capitalismo, sino equilibrarlo con políticas que prioricen el bien común sobre el beneficio individual.
- Según la OCDE, el 60% de las grandes fusiones en Europa entre 2018 y 2022 incluyeron un *spin-off* previo, permitiendo a los accionistas consolidar su influencia sin pagar impuestos adicionales.
- En España, el 70% de los *spin-offs* realizados en el sector tecnológico entre 2018 y 2022 redujeron el empleo en la división separada en un 15% a los dos años.
- El caso de Iberdrola (2020) mostró que, tras un *spin-off*, el precio de venta de la división renovable no cubría ni el 50% de sus costes operativos, llevando a la quiebra de puestos de trabajo.
- En EE.UU., empresas como Amazon han usado *spin-offs* para evitar pagar impuestos por ganancias en segmentos como logística, mientras que los nuevos accionistas reciben mayores dividendos.
- Países como Noruega graban las ganancias de *spin-offs* al 28%, recaudando fondos sin perjudicar la competitividad, mientras que en España no existe una fiscalidad clara sobre este tipo de operaciones.